Tradução

El nombre del huevo

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El nombre del huevo (Ilustração: Edu Oliveira)
  • Traducción del portugués al español: Natália Scalvenzi
  • Revisión de la traducción: Livia Stumpf
  • Supervisión: Karina Lucena

Contar un chiste en otra lengua es una de las tareas más difíciles y divertidas de la traducción. El humor tiene más de una camada de sentido y es casi imposible trasponer todo eso a otra lengua, a otra cultura, a otro lugar y tiempo. Cuando encontramos un juego de palabras o un dicho popular con equivalencia en dos lenguas, es como si al traductor le tocara la lotería. Lo que se suele hacer es sustituirlo por otro con un sentido parecido, y eso, por lo general, sacrifica alguna referencia o algún aspecto sonoro. A veces, tenemos que dejarlo pasar y esperar otro momento en el texto en el que podamos compensar ese juego de palabras perdido, lo que puede hacer que nos frustremos, pero aceptar que “es casi lo mismo”, como ha definido Umberto Eco, forma parte del oficio. Y lo divertido es justamente lidiar con el humor: básicamente, buscar chistes y pensar en ellos. Incluso, si se hace necesario, inventar nuevos dichos y juegos de palabras. En el campo de la traducción del humor, historias infantiles son oportunidades interesantísimas para divertirse cargando piedras.

También puedo afirmar que traducir para niños es una de las tareas más difíciles y divertidas de ese oficio. Esto va a parecer obvio, pero, siempre que traducimos algo, lo hacemos para algún lector, y ese lector es múltiple y desconocido. Si es un niño, está aún más lejos de nosotros, los adultos que escribimos o traducimos los libros. Para escribir y traducir para niños, contamos con nuestros propios recuerdos de diversas etapas de nuestra infancia y con la convivencia con niños de nuestro mundo, personas que probablemente van a tener algo en común con nuestra cultura, además de la lengua. Pero ¿qué es lo que los une a los niños? ¿Qué los convierte en un público objetivo? Eso depende del texto que se va a traducir.  

Cuando Jorge Furtado me propuso traducir al portugués Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, tras haber creado una obra de teatro basada en la historia, me dijo, bromeando: “Ya escribí los chistes. Lo demás te toca a ti.”. En seguida, vimos que “lo demás” estaba lleno de otros chistes y, años después, tras habernos reído mucho y roto mucho la cabeza recreando chistes y rimas, terminamos el trabajo. Luego de unos años más, decidimos enfrentar también el segundo libro de Alicia, A través del espejo. En esa segunda historia, diversos capítulos están basados en canciones y personajes infantiles, en ese entonces, populares, referencias que los niños victorianos reconocerían al instante, pero que a los niños brasileños de hoy les parecerían ajenas. Entre los habitantes del otro lado del espejo está Humpty Dumpty, que nombra el capítulo 6, un capítulo dedicado a una discusión acerca del significado de las palabras, particularmente al significado de los nombres propios, y que ejemplifica bien el humor de Charles Lutwidge Dodgson.

Dodgson era profesor de matemática y lógica y le interesaba la convergencia de esos campos del conocimiento: ¿formará la lógica parte del campo de la matemática o de la filosofía? ¿Cómo se relacionan el lenguaje y la matemática? Era fascinado por el lenguaje y por sus múltiples posibilidades de expresión y sentido, por los sonidos que pueden cambiar los significados y por las camadas de interpretación existentes en cualquier texto, le gustaba escribir cartas enigmáticas, acertijos, parodias, juegos de palabras y otros juegos lingüísticos, principalmente para niños. Su propio seudónimo fue un producto de uno de esos juegos: convirtió Lutwidge en Lewis y Charles en Carroll.  Y escribía realmente para niños, o sea, no utilizaba la literatura para contrabandear alguna moraleja o convención social con el objetivo de convertirlos en niños ideales, ajustados a los moldes de la época, sino que para que a los propios niños les gustaran sus historias, para que se divirtieran, para que el acto de leer les resultara placentero, para que se rieran de sus chistes. A Lewis le gustaba la compañía de los niños, le interesaba su manera de pensar y expresarse al igual que le fascinaba lo divertido del lenguaje.

A Humpty Dumpty también le interesa muchísimo ese tema. La palabra mean, que también quiere decir significar, aparece en el libro 48 veces — incluso sus variaciones verbales means, meant y meaning, además del adjetivo mean (malo/a, mezquino) y del sustantivo means (medio, modo) —, 26 en ese capítulo. Alicia reconoce al personaje tan pronto como lo ve en una estante, convirtiéndose de huevo en humano mientras la estante se convierte en un muro. Ella conocía los versos que contaban que Humpty Dumpty se sentó en un muro, de donde se cayó y se rompió sin que ni el Rey ni sus soldados lograran remendarlo. La palabra Humpty-dumpty, debido al personaje de los versos que Alicia conocía, ha sido diccionarizada como algo que, si se rompe, no se puede arreglar, y también solía significar una persona gorda y baja, como un huevo. En otras palabras, antes de Carroll, Humpty Dumpty no significaba un huevo que se convirtió en hombre, pero su nombre ya poseía relevancia. En inglés, obviamente. Así que, cuando dijera que el nombre de Alicia es estúpido porque no significa nada, a diferencia de su propio nombre, que significa la linda forma de su cuerpo, los futuros pequeños lectores brasileños no entenderían el chiste. En la traducción al portugués de Maria Thereza Cunha de Giacomo (1968), para niños, él es el Gorducho (Gordito), lo que facilita la comprensión del comentario del personaje sobre su cuerpo, mientras que la mayoría de las traducciones mantiene el nombre original, sin explicaciones, salvo en notas al pie de página para adultos. Nosotros no queremos explicar los chistes, porque, así, ya no tienen gracia. 

Teníamos un divertido problema que resolver: un personaje consagrado hace más de un siglo con ese nombre. Existían ya varias otras traducciones y adaptaciones, muchas personas a lo largo de los años habían interpretado y contado la historia a su manera, a niños y adultos hablantes de portugués. Y nosotros creíamos que nuestra interpretación hacía falta: queríamos recuperar, para los niños brasileños, el humor nonsense del autor — que no tiene nada de “sin sentido”, como dice el término. Para eso, los nombres de los personajes no podían permanecer como en la historia original, especialmente ese, mencionado explícitamente en el texto. Además del aspecto semántico, teníamos que contemplar el aspecto sonoro del nombre: dos palabras paroxítonas casi idénticas, que se diferencian nomás por sus iniciales, y que, por lo tanto, riman; la secuencia sonora de las consonantes h-p-t-d-p-t en el nombre pronunciado en voz alta tiene una característica musical, y teníamos que considerar la lectura en voz alta a un niño no alfabetizado. Ese nombre también aparecería en la canción y en el título del capítulo, y la forma del personaje aparecería en las ilustraciones. 

Tras muchas listas e intentos, llegamos a Huevaldo Rotundo (en portugués, Ovaldo Rotundo). Dos palabras paroxítonas, cada una con tres sílabas en vez de dos, sin rima propiamente dicha, pero con terminaciones idénticas, sonidos armónicos, la preservación de sonidos semejantes a los de la historia original en las consonantes r-t-d y la forma del cuerpo garantizada para los diálogos y las ilustraciones. Después de que lo probamos con nuestro público objetivo, así quedó. Fue nuestra solución entre tantas posibles. Cuando Alicia lo reconoce “como si el nombre estuviera escrito en su cara” y se acuerda de la canción, no parece raro — ni a nosotros, ni a los niños para quienes escribimos y a quienes leemos — que lo haya visto antes en un libro, ni que él fuera un huevo. Tampoco parece que el personaje dice tonterías al hablar del significado de los nombres: el nombre de Alicia realmente no revela nada sobre su apariencia, pero no se puede negar que el nombre de Huevaldo Rotundo le cae como anillo al dedo.    

Huevaldo Rotundo se sentó en el muro

Huevaldo Rotundo se cayó de maduro

Ni el Rey, ni sus caballos, ni sus soldados

Lograron hacer que Huevaldo Rotundo fuera remendado (1)       


— El último verso es demasiado largo para un poema  — ella añadió, casi en voz alta, olvidándose de que Huevaldo podía escucharla.

—  No te quedes ahí hablando sola por los codos de esa manera — dijo Huevaldo, mirándola por primera vez. — Nomás dime tu nombre y ocupación. 

— Mi nombre es Alicia, pero…

— ¡Qué nombre estúpido! — Huevaldo la interrumpió, impaciente. — ¿Qué significa?

— ¿Acaso TIENEN que significar algo los nombres? — le preguntó Alicia, confundida.

— Claro que sí — dijo Huevaldo con una risita. — MI nombre significa la forma que tengo. Una hermosa forma, de hecho. Con un nombre como el tuyo, tu forma podría ser cualquiera, o casi. (2) 

Aprendí del profesor y traductor Ian Alexander que toda traducción es mejor que el texto original. ¿Cómo? Obviamente, el texto que se puede leer es mejor, y, si alguien no es capaz de leerlo en su lengua original, ese texto no va a existir para esa persona hasta que exista en su propia lengua. Por eso creo que, para el niño lector del portugués de Brasil del siglo XXI, el nombre Ovaldo Rotundo suena mejor que Humpty Dumpty porque posibilita que se entienda el chiste. Sin embargo, el uno no sustituye el otro, tampoco son intercambiables, sino que conviven en armonía en el conjunto de las traducciones de Lewis Carroll a la lengua portuguesa.

A través del espejo y lo que Alicia encontró allí  — de Lewis Carroll, traducción al portugués de Jorge Furtado y Liziane Kugland, ilustraciones de Edu Oliveira (São Paulo, Companhia das Letrinhas, 2012). 


(1): Traducción creativa al español de la traducción al portugués de la autora:  Ovaldo Rotundo sentou-se no muro,  Ovaldo Rotundo caiu de maduro,  Nem o Rei, seus cavalos, sua escolta,  Conseguiram botar Ovaldo Rotundo de volta.

(2): – O último verso é comprido demais para um poema – ela acrescentou, quase em voz alta, esquecendo que Ovaldo podia ouvi-la.

  – Não fique parada aí tagarelando sozinha desse jeito – disse Ovaldo, olhando para ela pela primeira vez. – Apenas me diga seu nome e ocupação.

  – Meu no é Alice, mas…

  – Que nome idiota! – Ovaldo interrompeu, impaciente. – O que significa?

  – Um nome TEM que significar alguma coisa? – Alice perguntou confusa.

  – Claro que tem – Ovaldo disse com uma risadinha. – MEU nome significa a forma que eu tenho, que é uma forma linda, aliás. Com um nome como o seu, você poderia ter qualquer forma, ou quase.


Liziane Kugland es profesora de inglés y traduce del mismo idioma.

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